La trascendencia de cerrar ciclos

La muerte nunca toma por sorpresa al sabio, él siempre está listo para morir

Jean de la fontaine

Hablar sobre la muerte sigue siendo tema incómodo para la mayoría de la sociedad. A ninguno le gusta pensar sobre lo que inevitablemente llegará tarde o temprano, y es que nadie en nuestro camino por la vida nos ayuda a prepararnos para el día final. Nacimiento y muerte son movimientos que la vida realiza siempre, en nuestro cuerpo nacen y mueren células todos los días, también nacen y mueren proyectos, vínculos, etapas, estamos inmersos en una metamorfosis permanente.

 Del gran enigma que es la muerte, tenemos la certeza de que vamos a morir, pero la incertidumbre de cómo y cuándo lo haremos, es por eso que necesitamos vivir la vida con todos los sentidos despiertos, gozando de los instantes que producen alegría y aprendiendo de las dificultades que se presenten. El término de tanatología ‘la ciencia de la muerte´ fue acuñado en 1901 por el médico ruso Elías Methnikaff quien el año 1908 recibiera el Premio Nobel de Medicina.

  En ese año la tanatología era considerada como una rama de la medicina forense.  Elizabeth Kubler Ross fue la primera persona en estudiar honestamente la relación que tenemos con la muerte, trabajó con miles de pacientes terminales y con sus familias. Gran parte del manejo tanatológico consiste en reconocer cuáles son los pendientes del paciente terminal pues no se puede tener una muerte tranquila dejando asuntos inconclusos.

 Ciertos investigadores se preguntan por qué hay personas que enfrentan la muerte con mayor paz y por otro lado personas que viven la muerte con aflicción y desesperación, el resultado encontrado es que la gente que está por partir y tiene asuntos cerrados (testamento, no resentimientos, haber perdonado) mueren con mayor paz que los que no. Es importante tener conciencia de la muerte para aprender a morir antes de morir como lo hizo Sócrates y que ocasionó que marchara tranquilamente a su propia muerte, eligiendo la integridad de su conciencia, libre del miedo y de la pesadumbre.

  En las muertes de infantes, la doctora Viviana Bilezker, con más de 20 años de experiencia en el acompañamiento a personas que se encuentran en el final de la vida, comenta que algunos niños neutralizan el proceso de morir más que los adultos. A veces el sufrimiento del niño está más ligado al sufrimiento del entorno y se convierten en cuidadores de sus padres y son ellos los que han transmitido la paz a quienes los rodeaban.

  Morir pues no tiene que ser un sinónimo de tragedia. Es importante aprender en vida a estar preparados para cuando se llegue la hora de partir y que mejor que hoy para darse la oportunidad de un auténtico despertar a otras formas más completas y profundas de ver la vida, conocer la fuerza interior (resiliencia), estar más receptivos a las practicas espirituales y éticas, agradecer, recuperar la capacidad de asombro y sobre todo la posibilidad de reconciliarnos con nosotros mismos y con los demás.  

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